En este post os voy a mostrar una forma distinta y muy sabrosa de preparar las zanahorias, que habitualmente, solemos preparar añadiéndola a guisos, ensaladas, como parte de los ingredientes de algunas salsas, en purés, etc...
Esta vez, las prepararemos solas.
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De todos son conocidas las propiedades de este vegetal: de siempre se ha dicho que son muy buenas para a vista. pero además de eso, aportan una gran cantidad de vitamina A (un buen antioxidante que ayuda a proteger el organismo de la acción destructiva de los radicales libres) y, según estudios recientes, previenen la aparición de enfermedades degenerativas, ayudan a mantener la salud cardiovascular, al tiempo que garantizan un buen estado de la piel, la visión, los dientes y las encías, el sistema digestivo y del sistema inmune.
Sin olvidar que ayuda a estar más jóvenes (yo me voy a inflar a comer zanahorias...).
Contiene 100 veces más provitamina A que, por ejemplo, la col, las espinacas, el brócoli y la calabaza.
Cabe destacar que las zanahorias son muy ricas en hierro por lo que son muy recomendables para las personas que padecen anemia.
También contiene vitaminas del grupo B, C y E y un gran contenido en minerales.
Después de esta exposición de beneficios de las zanahorias: quien no se anima a comerlas más a menudo ?
Son muy asequibles y versátiles y podemos encontrarlas en el mercado en cualquier época del año. Hay muchas formas de cocinarlas, pero hoy las vamos a preparar de un modo distinto: estofadas agridulces.
Están muy buenas y, una vez preparadas, se conservan muy bien en la nevera, en un tarro de cristal.
Yo las guardo en un tupper o en un recipiente al vacío (con mi maquinita para envasar al vacío, que es una maravilla) y así todavía aguantan muchísimo más tiempo.
Desde que tengo la máquina para envasar al vacío, casi todos los alimentos que refrigero (o congelo) los conservo así, al vacío: es una maravilla !!
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